Como una ventana que al cerrar
no ilumina el punto que ha dejado entre tinieblas,
una sombra entre las piedras.
Asi se ha quedado sin razón
nadie la explicado que no existe explicación
y tiene tantas dudas
...

Te miro impaciente y voy balbuceando una a una las preguntas. Tú apenas levantas la mirada para responder con tus pupilas clavadas en las mías. De vez en cuando una sonrisa velada se esconde en una de tus comisuras.
J: ¿A qué huelen las nubes?
U: A humedad, o eso me han dicho.
J: ¿qué quieren las mujeres?
U: A las mujeres no las entiende ni Dios, a mi no me mires.
J:¿se puede pintar el cielo?
U:El cielo se pinta en los atardeceres.
J:¿por qué mis castillos son de arena?
U:Porque la arena es más sólida que el aire, y tu siempre eres más realista que yo.
J:¿por qué la boca de las mujeres q fueron hechas para besar a veces muerden?
U:Porque así es más interesante besar, nunca sabes lo que van a deparar unos labios carnosos. Del otro modo es demasiado repetitivo ¿no?
Otra vez esa sonrisa que me lleva loco.
J:¿por qué hay carceles sin rejas?
U:Porque no tienen puertas ni ventanas.
J:¿se puede oxidar un corazón por penas?
U:Si, de hecho el mío se oxidó hace tiempo. Pero luego viene alguien con un poco desoxidante y mucho cariño, y se pasa.
J:¿por qué las mujeres quieren justo lo contrario a lo que dicen?
U:Porque nos gusta jugar al escondite. Hoy ya no te quiero, mañana ya veré.
J:¿por qué los tios nos guiamos por el nabo muchas veces?
U:Porque tenéis el irresistible deseo de perpetuar la especie. Y el lema: Practica sexo y no mires con quién.

Sigues removiendo el café, quizás ahora con más alegría, como si las respuestas te hubieran recordado alguna imagen divertida. Te recoges el pelo con cuidado y me muestras un hombro semidesnudo. Una nuca suave.

Para Jorge.